Edición Nro. 2449 - Punta del Este / Uruguay
enfoques 22 de mayo de 2026
 
 
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UN ARGENTINO ORIENTAL OPINA - ENFOQUES COMPARTIDOS f
Enrique Guillermo Avogadro
Una Universidad para la Argentina real
  • “La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”.  Peter Drucker
A esta altura del mandato, ya nadie duda de la incapacidad del Gobierno para comunicar eficientemente sus muchos logros e impedir que otros temas ríspidos los opaquen; el riesgo que todos corremos es que ese cúmulo de errores agote la paciencia social y, aún con una oposición atomizada, nos haga retroceder, después de tantos esfuerzos, a un nefasto pasado de emisión desmedida y rampante corrupción.
El martes se realizaron manifestaciones opositoras enancadas en una malintencionada visión populista de la Universidad pública - “La Universidad pública y gratuita es igualadora social”, mintió Cristina Fernández en 2011 - que sólo beneficia a quienes la han transformado en una cueva de corrupción y una máquina para perpetuar privilegios; para confirmarlo, basta ver qué porcentaje de alumnos proviene de las clases media-baja y baja. ¿Implica el mismo esfuerzo estudiar para un hijo de la clase media, cuyos padres pueden mantenerlo, que para otro que proviene de una familia obrera y necesita del trabajo del propio alumno para subsistir? ¿Es irrelevante que unos provengan de caros colegios privados o de la enseñanza media pública, donde reinan los Baradell? La Universidad pública se sostiene con el aporte de un Tesoro cuyas arcas, a su vez, se nutren de los impuestos que pagamos todos. ¿Es justo que los más pobres soporten con su diario esfuerzo una Universidad que no tiene exigencias de ningún tipo y a la cual sus hijos no podrán asistir? ¿Por qué todos tenemos que pagar para que estudien gratuitamente en nuestras universidades extranjeros que, al graduarse, regresan a sus países a ejercer?
¿O para que algunos pocos estudien carreras que no sirven al conjunto social y que, en la enorme mayoría de los casos, gradúan gente que no encontrará inserción laboral en el campo elegido? En el caso de los abogados, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires (3,1 millones de habitantes) los matriculados llegan a 70.000, mientras que en Japón (124 millones) sólo son 49.000 y en toda Francia (69 millones), 70.000.
En Argentina, el promedio de permanencia en los claustros en carreras con curricula de cinco años, es siete y, a diferencia de todos nuestros vecinos, la Universidad sólo gradúa veintidós de cada cien ingresantes. Ese estiramiento artificial genera, naturalmente, mayores gastos en salarios docentes y no docentes, en infraestructura, en medios para la investigación, etc., todo lo cual recae sobre las espaldas de la población en general, inclusive de aquellos sectores cuyo único consumo son los alimentos de primera necesidad, gravados con el IVA. La extendida pobreza de los salarios docentes en todos los niveles hace que sólo puedan ingresar a la enseñanza académica aquellos que, amén de una increíble vocación, disponen de otros medios de subsistencia o que buscan, en la cátedra, un galardón social, y no siempre es acompañado por la calidad de la enseñanza impartida.
Mientras se siguen graduando inmensas cantidades de abogados y economistas, grandes conglomerados internacionales en industrias de punta se ven impedidos de instalarse en el país porque no encuentran aquí suficientes ingenieros, geólogos, químicos, físicos, matemáticos, etc.
Mi propuesta para cambiar este estado de cosas es muy simple.
Se trata de establecer – disponemos, sin duda, de los medios para hacerlo y la IA contribuirá para lograrlo - cuántos nuevos graduados de cada una de las disciplinas necesitará el país a cinco años vista; basta con introducir en una computadora la información que suministren las empresas y el sector público, incluyendo a los potenciales inversores que se acerquen. Con el resultado, se formaría un primer cupo de aspirantes que rindieran un muy exigente examen de ingreso y mantuvieran el nivel de excelencia durante toda la carrera, comprobado mediante pruebas semestrales; obviamente, no sólo no se les cobraría matrícula alguna sino que, por el contrario, se les pagaría un sueldo razonable durante todos sus estudios. Como es obvio, quienes lograran graduarse integrando ese primer cupo encontrarían una inmediata salida laboral, ya que tanto el Estado como las empresas competirían por ellos.
Luego, crear otro cupo que tuviera en cuenta la capacidad física de cada una de las facultades; en algunas, hay materias en las que los profesores deben dar clases a más de cien alumnos, lo cual impide una eficiente enseñanza. Este segundo cupo, es decir aquellos que opten por carreras que el país no necesitará – y, por ende, es injusto que deba soportar - o por estudiantes que no lograran el nivel de excelencia requerido para el primero, debería pagar para estudiar; así de simple: si quieres hacerlo, báncalo tú. Incorporaría, además, a esas normas una ley que impusiera al sector público la obligación de contratar, como consultora externa, a la Universidad, y pagar los honorarios correspondientes.
Veamos qué efectos produciría esta solución propuesta. En primer término, produciría mejores graduados, y así el país dispondría de profesionales excelentes en las disciplinas más necesarias. Luego, impediría la permanencia del “estudiante crónico”, ese al cual el bajo nivel de exigencia en materia de cantidad de materias aprobadas le permite permanecer en los claustros por muchos años, incordiando a los verdaderos alumnos.
Con el producido de las matrículas pagadas por los integrantes del segundo cupo, más los aranceles de los extranjeros y los honorarios que la Universidad generaría por sus servicios de consultoría externa, se formaría un interesante presupuesto propio, que permitiría mejorar sensiblemente los salarios docentes e invertir en infraestructura y en medios de investigación. Al pagar sueldos dignos, se incrementaría el interés por la enseñanza, lo cual permitiría también exigir más calidad de los profesores. El círculo virtuoso se cerraría con ese nivel de excelencia en los claustros docentes, lo cual transformaría a la Universidad en un verdadero faro capaz de iluminar el futuro del país, dejando de ser el miserable fanal que sólo permite ver la escalera descendente en la que estamos embretados desde hace décadas.



ADVERTENCIA: Los artículos periodísticos firmados son de la exclusiva responsabilidad de sus autores. La Dirección.



Columna de Ricardo Garzón
SE DICE

Que lo mejor para la Coalición Republicana es la presentación en dos grandes lemas, con dos candidaturas presidenciales: Partido Nacional y Partido Colorado, cada uno de los cuales cobije a los demás partidos coalicionistas. Es la única presentación que permite frenar la pérdida de votos hacia el FA; mejorar la adjudicación de bancas, y evitar la distorsion entre los socios de la coalición.

Que según el último sondeo de opinión de la consultora Factum, correspondiente al segundo bimestre del año, la aprobación del presidente Orsi se sitúa en 29%, mientras que la desaprobación se ubica en 46%. El restante 24% ni aprueba ni desaprueba.

Que la desaprobación de Orsi es mayor en el interior (51%) que en Montevideo (41%). Asimismo, en la capital, la aprobación del presidente es de 33%, por encima del promedio nacional, mientras que en el interior es de 25%, por debajo del promedio nacional.

Que en un mensaje publicado en su cuenta de X, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel dijo que en caso de que se materialice una acción militar de Estados Unidos contra su país, habrá “un baño de sangre de consecuencias incalculables, más el impacto destructivo para la paz y la estabilidad regional”.

Que según el portal norteamericano Axios, funcionarios de los servicios de inteligencia estadounidenses han comentado que Cuba habría adquirido más de 300 drones militares y evaluado posibles escenarios de ataque contra objetivos estadounidenses, incluida la base naval de Guantánamo; buques militares de Estados Unidos, y la ciudad de Key West, en el estado de Florida.

Que en las Instrucciones de 1813 Artigas definía para su tiempo y la posteridad que los más infelices debían ser los más privilegiados.

Que andando las décadas y siglos los actores políticos de todos los tiempos hacen como que atienden a los más infelices, sí, aunque por alguna razón de reminiscencia ancestral cada vez son más los desventurados, pero los únicos con suculentos privilegios integran la casta política uruguaya.

Que el Comandante en jefe del Ejército, Mario Stevenazzi, dijo en Radio Carve que su fuerza “no esconde documentación” sobre las personas que fueron desaparecidas por el Estado durante la dictadura cívico-militar.

Que la ministra de Defensa, Sandra Lazo, arremetió contra los militares y generaciones de estos tiempos: "Quienes tienen la verdad y no la dan, son traidores a la patria", espetó, "y la idea que tengo es que todas las máquinas de ingenieros ingresen a todos los cuarteles y den vuelta hasta el último milímetro de tierra".

Que buen revuelo ha causado la cobertura presencial del panelista Juan Ramón Rodríguez Puppo en Cardama, aunque su estadía en dichas instalaciones fue mínima.

Que hablando Rodríguez Puppo con distintas fuentes navales en Vigo, amigas o no del astillero, tirios y troyanos son unánimes en un concepto: lo de Uruguay con Cardama es un tema político, y como tal debería resolverse.

Que el presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, aseguró que Mónica Ferrero “está cortando” con la politización de la Fiscalía, y dijo que “algunos añoran cuando manejaban políticamente” esa institución.

Que Delgado consideró que “hay una embestida política sobre la fiscal de Corte” y remarcó que Mónica Ferrero tiene “el respaldo parlamentario” de la Coalición Republicana y de Cabildo Abierto.

Que concluyó el dirigente político: “No están los votos para cambiar la fiscal porque nos da garantías la fiscal, que se metió con el crimen organizado, que es recta, que es profesional, y que además atentaron hasta contra su propia vida y contra la de su hijo, y va para adelante”.

Que a riesgo de incomodar al noble animalito, vecinos de Cerro de los Burros denunciaron la destrucción de “más de 400 metros lineales de monte nativo”.

Que la Justicia declaró culpables a Airbus y Air France por la mayor tragedia de la aviación francesa. El fallo reza que luego de 17 años del accidente del avión que cubría Río-París y que provocó la muerte de 228 pasajeros, el tribunal de apelación de París consideró que las empresas son las “únicas responsables” de hecho.
Zelmar y “El Toba”
Por Julio María Sanguinetti.  -  El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti recuerda a Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, dirigentes asesinados hace cincuenta años en Buenos Aires, y evoca la amistad que mantuvo con ambos más allá de las diferencias políticas.

Cuando iniciamos nuestra vida periodística y política en 1953, comenzaba también la de Zelmar Michelini. Tenía 12 años más que yo y venía precedido de una destacada actuación como dirigente del gremio bancario. Estuvimos juntos en el Semanario Canelones, a donde Luis Batlle nos había mandado a tratar de disputar la hegemonía interna a la lista 14, liderada en ese departamento por el Dr. Luis Alberto Brause y su esposa Blanca Berreta. El director del semanario era Maneco Flores Mora, un año mayor que Zelmar y, a esa altura, ya reputado periodista, que en Marcha había escrito célebres “contratapas”.
Fueron años de gran cercanía. “El Flaco”, tal cual le mencionábamos, sale diputado en 1954, momento hegemónico de la Lista 15, y repite en 1958, cuando el Partido Colorado pierde la elección luego de los consabidos 93 años de gobierno. Vino allí un momento de distanciamiento con Don Luis Batlle y formó, dentro del Partido, la Lista 99, con Renán Rodríguez, que venía del lado de la 14 y gozaba de gran prestigio. A él le acompañaron Hugo Batalla, Aquiles Lanza, Liborio Sica y Enrique Blixen. Salió Senador y luego, en 1967, cuando se retorna al presidencialismo, Gestido lo nombra Ministro de Industrias, pero renuncia pocos meses después. Muerto Gestido, asume Pacheco como Vicepresidente y él se decanta por una actitud radicalmente opositora que lo lleva, en 1970, a alejarse del Partido Colorado. Participa en la fundación del Frente Amplio, sale electo Senador y se exilia en Buenos Aires al producirse el golpe de Estado de 1973.
Fue un gran parlamentario. Orador elocuente, hablaba a gran velocidad y encendía los auditorios. En lo personal, afectuoso, encantador. Fue uno de nuestros testigos de casamiento y aun cuando se había apartado de la Lista 15, seguíamos viéndonos, a primerísima hora de la mañana, en La Alhambra, en la Plaza Matriz, donde tomábamos un café e intercambiábamos novedades. Nunca dejamos de sentirnos íntimos, al punto de confesarnos constantemente nuestras recíprocas preocupaciones políticas.
Su entierro en el Central fue muy dramático. Había mucha gente, no multitudes pero sí varios miles. Unos pocos pudimos entrar y cuando nos congregábamos para que hablara Hugo Batalla, nos dispersó la Guardia Republicana a caballo, que corría entre las tumbas. Tristísimo, indigno. De allí salimos acongojados, con José Luis y Marcos Batlle. Saludamos a muchos correligionarios colorados que habían concurrido y mientras amargábamos largos cafés, confesábamos nuestra incredulidad ante un país que parecería no ser el nuestro.
En el Cementerio del Buceo, por su lado, estaban enterrando a Héctor Gutiérrez Ruiz, “el Toba”. Le conocí en la Cámara de Diputados y nos hicimos muy amigos. Conversábamos mucho, nos entreteníamos divertidamente. Orteguianos los dos, filosofábamos sobre la declinación democrática del Uruguay. Muy imaginativo, siempre proclive a asumir historias de los pasillos, le encantaban los movimientos de la política aunque le costaba asumir sus realidades prácticas. Llegamos a tener tal confianza que el día antes de irse del Uruguay llamó a casa, para hablar conmigo y, no encontrándome, lo hizo largamente con Marta. Le contó que le acusaban de haberse quedado con el oro robado a Mailhos y su duda era si permanecer en Montevideo o irse, como efectivamente hizo.
Tenía señorío. La voz de barítono le ayudaba a decir sus discursos generalmente en clave emotiva o doctrinaria. Cuando lo eligieron Presidente de la Cámara de Diputados predominó más la simpatía que se había ganado en poco tiempo que las resultancias de un acuerdo.
A ambos les evoco con una gran y profunda nostalgia. Naturalmente, “el Flaco” fue el compañero de la juventud y eso es entrañable, singular. Continué esa amistad con su hermano Pedro hasta el último día de su vida y no solo le agradezco su afecto sino lo mucho que trabajó para que alcanzara la presidencia en las dos oportunidades en que lo procuré.
Los asesinatos aun nos sacuden a todos los uruguayos, después de cincuenta años. Entre otras cosas por no saber cabalmente cómo se encadenaron las circunstancias. Se sabe con certeza que los ejecutores eran argentinos, porque ni idea tenían de quienes eran Aparicio ni aun el propio Wilson, según la declaración de los testigos familiares. Se han conocido dos o tres participantes, posiblemente vinculados a un grupo paramilitar organizado desde la Armada argentina. De modo que cabe concluir inequívocamente que el dedo acusador vino de Montevideo. Con orden de matar o de apremiar y atemorizar, como también se dice, nada cambia. Podrá haberse desbordado algún episodio pero fueron cuatro asesinatos, no uno de casualidad. Eran criminales crueles y fríos, sin motivación emotiva, sin pasión. Llegaban allí para ejecutar y robar.
Era un tiempo terrible, el peor año de la dictadura uruguaya y creo —es una convicción personal— que todo se manejó en el plano de la Inteligencia militar y policial. Conociéndolos, ni por asomo pienso que Juan María Bordaberry o Juan Carlos Blanco dieron orden de matar a nadie, pese a su procesamiento en esta causa. Lo mismo ha escrito el historiador Lincoln Maiztegui. El poder, además, no lo tenían, mucho menos en este orden de la represión política. Hacía tiempo que la situación les había desbordado y por lo mismo fue Bordaberry desalojado del poder poco después, sin llegar a cumplir su mandato.
La congoja aun latente en todo caso no debe transformarse en odio. Tanto Michelini como Gutiérrez Ruiz eran gente de paz que jamás nos reclamaría venganza. Debemos mirar esa historia, con emoción por cercana, pero con serenidad por el deber de cuidar una democracia que si un día cayó fue porque algunos descreyeron de la libertad y la mayoría perdió la tolerancia. (Nota que se comparte con Correo de los Viernes)



 

 
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