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UN ARGENTINO ORIENTAL OPINA - ENFOQUES COMPARTIDOS
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| Enrique Guillermo Avogadro |
| Cambiar todo para que nada cambie |
“Las mujeres que han cambiado el mundo no han necesitado mostrar otra cosa que su inteligencia”. Rita Levi-Montalcini
En Venezuela resulta difícil distinguir entre una transición y una simple mutación. Nicolás Maduro ya no está en Miraflores, pero su desaparición no implicó la caída del régimen. Delcy Rodríguez, una de las principales figuras del chavismo, administra el Estado y buena parte de su estructura permanece intacta. Washington combatió durante años al régimen en nombre de la democracia, pero ahora negocia con una dirigente proveniente del movimiento que gobierna desde 1999. Mientras la oposición reclama elecciones, EEUU colocó en primer plano la reconstrucción de la industria petrolera. Es fácil entender su interés: reponer sus menguadas reservas, apartar las manos de China y asfixiar a Cuba. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo, pero su industria fue devastada por años de estatizaciones, corrupción, falta de inversiones y deterioro de la infraestructura. Ahora las grandes compañías estadounidenses estudian regresar y EEUU impulsa la recuperación del sector. El problema es otro: ¿puede la reconstrucción económica preceder indefinidamente a la democrática?
Delcy asegura que habrá elecciones. Donald Trump también, pero sostiene que Venezuela todavía no está preparada. La frase encierra un riesgo evidente: las transiciones deben tener un final; sin fecha puede convertirse, en otra forma de poder permanente. El diálogo entre gobierno y oposición acaba de reanudarse y tiene sobre la mesa reformas judiciales, derechos políticos, libertad de expresión y cambios electorales. Es un cambio, pero no es democracia, sólo la posibilidad de construirla. Y el chavismo no desapareció. Durante 27 años construyó una extensa estructura política, judicial, militar y territorial. Por eso resultaba ingenuo imaginar que la caída de Maduro podía desarmarla automáticamente. La ONU advirtió que las estructuras fundamentales de represión permanecen intactas: funcionarios vinculados a abusos anteriores continúan en posiciones de poder y persisten organismos de seguridad asociados con la persecución de opositores.
Hay otra ironía difícil de ignorar. Durante años, el chavismo convirtió a EEUU en el gran enemigo. Ahora, el adversario participa activamente en la reconstrucción política y económica venezolana. Las empresas estadounidenses vuelven al petróleo y Washington interviene en las conversaciones entre gobierno y oposición. Se convirtió en el socio de hoy.
Eso no significa que las inversiones petroleras sean necesariamente negativas. Venezuela necesita capital, tecnología, infraestructura y mercados. La cuestión fundamental es bajo qué reglas y quién controla ese proceso. Una Venezuela que vuelva a producir petróleo pero conserve instituciones débiles podría recuperar ingresos sin recuperar democracia. Por eso el verdadero desafío no es sustituir a un presidente. Es reconstruir un Estado, recuperar la justicia, garantizar las libertades, reorganizar las fuerzas de seguridad, liberar a los detenidos y establecer mecanismos de justicia que investiguen los abusos sin convertir la transición en una interminable venganza política.
EEUU puede facilitar ese proceso, pero no puede decidir indefinidamente quién preside. La Venezuela de hoy ofrece oportunidades y peligros. Hay señales de apertura, diálogo e inversiones; pero también persisten la ausencia de una fecha electoral y buena parte del aparato represivo del antiguo régimen. Por eso la verdadera pregunta es si los venezolanos recuperarán aquello que perdieron mucho antes: la posibilidad de decidir libremente quién los gobierna y bajo qué instituciones quieren vivir.
La principal dirigente opositora, María Corina Machado, decidió no participar en el diálogo auspiciado por Washington entre el gobierno de Delcy y sectores de la oposición. Junto con Edmundo González Urrutia, dejó en claro que no había intervenido en el diseño de esa mesa y que, por lo tanto, no asumiría responsabilidad por sus decisiones. Pero tampoco se colocó como obstáculo: anunció que observaría sus resultados a partir de hechos concretos y verificables, como la recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de los presos políticos, garantías para todos los actores y, fundamentalmente, un cronograma para elecciones presidenciales.
Su actitud revela una posición tan firme como incómoda. No parece dispuesta a legitimar una negociación que, a su juicio, podría terminar sustituyendo el resultado de las urnas por un nuevo reparto de poder, pero evita enfrentarse abiertamente con Washington, cuyo respaldo considera decisivo para la transición. Este mes volvió a cuestionar el acuerdo petrolero entre EEUU y Delcy, pero sostuvo que Washington es el principal socio que Venezuela necesita para reconstruirse. Su dilema es evidente: necesita de la presión norteamericana, pero procura que esa presión no termine dejando en manos de otros la definición del futuro político venezolano.
Porque cambiar al ocupante de Miraflores no alcanza; terminar con el régimen exige algo mucho más profundo: que el poder deje de estar por encima de la ley, que las elecciones dejen de ser una promesa, que la oposición deje de ser un delito y que el petróleo deje de ser una herramienta de dominación. De lo contrario, podría ocurrir algo que América Latina conoce demasiado bien: que se cambie todo para que, en definitiva, nada cambie. |
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Columna de Ricardo Garzón
SE DICE |
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Que hay salida y aún dependemos de nosotros mismos. Resulta inevitable reducir el número de vínculos laborales con el Estado (más de 320 mil); prejubilaciones, restricción al mínimo de las contrataciones, eliminación de un plumazo de los pases en comisión.
Que se debe abarcar a todo el sector público, incluidas las Intendencias, sujetando las transferencias del gobierno central al cumplimiento de objetivos en ese sentido.
Que debe reducirse a diez el número de ministerios, incluidas la OPP y la Secretaría de la Presidencia, eliminación de las Alcaldías, y el abatimiento sustancial del insólito número de 18.500 vehículos estatales.
Que una vez alcanzado el objetivo fiscal, todo ahorro posterior se deberá volcar al abatimiento de impuestos que afectan la producción y el empleo, comenzando por los aportes patronales a la seguridad social y la tasa consular, así como un mejor diseño del que grava la renta empresarial.
Que con una fiscalidad como la referida el gobierno dejará de endeudarse para financiar el gasto corriente, y el tipo de cambio real tenderá a mejorar de manera genuina, si es que antes en el barrio continental que integramos, no se le ocurre al todopoderoso vecino del Norte, o al exaltado mandatario argentino, empezar a "extraer" del Uruguay a este conglomerado y apocado núcleo de ciudadanos que nos gobierna.
Que los ciberdelincuentes se están volviendo más sofisticados y difíciles de detectar a medida que comienzan a utilizar inteligencia artificial (IA) en lugar de vastos centros fraudulentos para lanzar sus ataques, advirtió el jefe del grupo mundial de vigilancia del lavado de dinero.
Que la Caja Militar publicó un instructivo en el que establece que los militares que vivan en el exterior ya no podrán acreditar su fe de vida solamente a distancia, por internet. Una vez al año, es decir cada seis meses, deberán presentarse de forma presencial al Consulado o Embajada más cercano.
Que el Sindicato Único Portuario (Supra) rechazo la resolución de "servicios mínimos" que estableció el gobierno para la Terminal Cuenca del Plata (TCP), en el entendido que esa medida "limita el derecho sindical".
Que el gobierno está en un brete entre lo que va a hacer y lo que debe hacer, jaqueado por la amenaza latente de que tanto la esencialidad como las medidas prontas de seguridad constituyen una bomba explosiva que, una vez accionadas y activadas resulta imposible aventurar cómo afectarán al país, y en particular al gobierno de los sindicatos.
Que olemos que el tema se arregla con plata y que los involucrados emergerán multimillonarios del conflicto, dado que es cuestión de tiempo que toda actividad pública ingrese en la "escondida senda por donde han ido, los pocos sabios que en el mundo han sido"...
Que la Intendencia de Montevideo dio inicio a la plantación de ejemplares de ibirapitá a lo largo de Bulevar Artigas, en el marco del plan de renovación del arbolado de la avenida tras el retiro de las palmeras que resultaron afectadas por la plaga del picudo rojo.
Que nadie pierde lo que no tiene. El secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, "defendió" -pour la galerie- la intervención del gobierno en el conflicto entre la Terminal Cuenca del Plata (TCP) y sus trabajadores, y rechazó, también pour la galerie, que el Poder Ejecutivo haya perdido autoridad frente a una disputa que continúa sin acuerdo, y que sin duda será ejemplo viviente para el sindicalismo nacional.
Que el Frente Amplio alerta por la posible intervención de los Estados Unidos en las próximas elecciones brasileñas. Remedando a Artigas, ("la cuestión es solo entre la libertad y el despotismo") el presidente del FA, Fernando Pereira Kosec, precisó que "hoy día la lucha es entre la democracia y la barbarie”.
Que para contener la posible invasión, -que puede derivar en la "extracción" del presidente Orsi-, la ministra de la Defensa Nacional dispuso poner en línea de combate a las recientes tanquetas, sin ventanas, facilitadas a la Policía para combatir el narcotráfico.
Que la preocupación por el futuro electoral de Lula atraviesa de forma constante las convocatorias de la coalición de izquierda, y también está presente en el gobierno de Yamandú Orsi, que considera estratégica la reelección del líder del PT.
Que parece chiste pero no lo es. Se lee en Búsqueda que el Frente Amplio está “alerta” para “reaccionar inmediatamente” si surgen indicios “golpistas” de Trump en Brasil.
Que una eventual derrota podría dejar a Uruguay como la única fuerza política de izquierda en el gobierno de toda Sudamérica.
Que "si no retiran los despidos va a haber quilombo”, dijo el presidente de la Federación Obrera de la Industria de la Carne (Foica), Martín Cardozo, quién agregó: “no vamos a avanzar en la negociación si no retiran los despidos”.
Que el senador Sebastián Da Silva envió a gritar a la casa del pueblo al senador frentista Gustavo González; delante de todo cuerpo lo acusó en reiteración de ver una vaca y asustarse, instancia que suscitó que la presidenta Blanca Rodríguez suspendiera la sesión por cinco minutos en medio de carcajadas generales.
Que la Secretaría Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo (Senaclaft) puso entre sus prioridades mejorar los controles antilavado del dinero que ingresa a la política.
Que la decisión surgió después de algunos casos que expusieron las debilidades del sistema y los potenciales riesgos de que el narcotráfico lo contamine.
Que el astillero holandés Damen ofreció a Uruguay dos OPV nuevos de unos 80 metros de eslora a 99 millones de dólares, que estarían entregados antes de 32 meses a partir de la firma del contrato.
Que este ofrecimiento pone en falsa escuadra a quienes acusaban a Cardama de precios de dumping; ya en 2022 Damen había ofrecido dos unidades de mayores dimensiones a 56 millones cada una. Uruguay, entonces, prefería, insólitamente, buques chinos.
Que Buquebus recurrió permiso a Colonia Express; pidió que se revoque o se condicione de forma “rigurosa”, argumentando que el ingreso de un nuevo operador de la línea Montevideo-Buenos Aires provocará una “competencia desleal” que el Estado no debe amparar y que amenaza la viabilidad del negocio.
Que los cruceristas de corta estancia que visitan Barcelona pagan en la actualidad una tasa turística de 11 euros por pasar menos de doce horas en la ciudad. Este precio incluye el Impuesto de la Generalitat sobre las Estancias en Establecimientos Turísticos (6 euros) y un recargo municipal (5 euros).
Que un reciente acuerdo entre varias fuerzas políticas ha allanado el camino para un incremento progresivo del recargo municipal en Barcelona, de modo que el importe total a pagar alcance los 30 euros en 2030. El objetivo del incremento es desincentivar este tipo de actividad turística, fugaz y a la disparada.
Que el director por la oposición en la Administración Nacional de Puertos, Jorge Gandini, dijo en el programa Palabras Cruzadas, de radio Sarandí, que recibió el respaldo del expresidente Lacalle Pou ante las versiones que vinculan una sucursal de un local de cobranzas a nombre de su esposa, Laura Scalabrino Muga, con un esquema de lavado de activos.
Que al no atacar sus incentivos económicos, Uruguay combate el narcotráfico con una visión equivocada;el crimen organizado es la “principal amenaza” para el desarrollo de América Latina en el largo plazo, ya que no solo afecta la seguridad, sino también el desarrollo, la creación de empresas, la informalidad y la desigualdad.
Que con relación a nuestro país hay dos factores que vuelven atractivo a Uruguay para el narcotráfico: la existencia de un mercado interno y la ubicación de Montevideo entre las rutas de exportación de cocaína hacia Europa. Por esta razón, el crimen organizado llegó para quedarse en Uruguay y que lo más probable es que siga creciendo, a medida que se consoliden tanto el mercado local como las rutas de exportación.
Que la Dirección General Impositiva (DGI), -que recauda impuestos-, informó esta semana que observó “inconsistencias en el cumplimiento de las obligaciones tributarias” de parte de contribuyentes de IVA Servicios Personales, y se comunicará con ellos para “facilitar su detección y promover su corrección oportuna”.
Que los contribuyentes están obligados a pagar el IVA Servicios Personales de forma bimestral, todos aquellos que presten servicios fuera de la relación de dependencia”, sin importar si las actividades comprendidas son profesionales o no.
Que el país está boqueando y seguimos gastando: 100 ómnibus articulados, 90 estaciones, pasos a desnivel y un consorcio: así se proyecta la reforma del transporte metropolitano.
¡Buen fin de semana!
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| La diplomacia no es un adorno |
Por Julio María Sanguinetti. - Estamos en unos días muy internacionales por la Asamblea de Naciones Unidas y todas las reuniones que se han dado, razón por la cual se nos ocurre hacer algunas reflexiones sobre lo que es la diplomacia, o sea, la política exterior de un país.
Si hay un sector del Estado que no goza de popularidad es justamente la diplomacia. Se le asocia a reuniones sociales, cócteles, formalismos vacíos y el privilegio de viajar. Si a los políticos como tales no se nos mira bien, pero siempre hay alguna excepción, con los diplomáticos es al barrer. Por eso mismo, cada vez que se discute el presupuesto o se lanza un programa de austeridad, nuestra Cancillería queda en cuestión, sea quien sea el ministro y sea quien sea el gobierno.
Pocos errores de apreciación popular son tan relevantes como ese. El propio nacimiento de nuestro país es un acto diplomático, un acuerdo de paz entre el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata. Si pudimos sobrevivir más tarde fue por nuestra diplomacia, como en octubre de 1851, en que logramos superar el riesgo del autoritarismo rosista con una hábil combinación política, que sumó al caudillo entrerriano Urquiza con el Imperio de Brasil. Algo parecido podemos decir de 1865, en que pudimos caer en el mismo destino de Paraguay y de muchos episodios más, aun cercanos, como las relaciones con el gobierno de Perón alrededor de 1950. No olvidemos que el propio gobierno frentista del Dr. Vázquez pidió ayuda a los EE.UU. cuando la crisis por las plantas de celulosa con Argentina.
Hoy no vivimos esas amenazas, pero nuestro desarrollo económico y consiguiente equilibrio social dependen de nuestra exportación. Nuestro mercado es pequeño, no justifica muchos tipos de inversiones, salvo que podamos asegurar la posibilidad de exportar a otros países. También es claro que los inversores en general precisan financiación y para ello es fundamental que tengamos un “grado de inversión”. Ni hablar del Estado, cuyos déficits se vienen solventando con bonos y documentos en que la credibilidad es el oxígeno mismo de su existencia.
En esa perspectiva, lo primero es la imagen internacional del país, el modo como se nos ve desde el exterior. Lo segundo es el relacionamiento que permite acceder a los mayores mercados posibles. Y allí entra claramente en juego nuestra diplomacia, con actores que van desde el Presidente de la República acordando con sus colegas hasta los funcionarios que contribuyen a generar los imprescindibles intercambios. Siempre, al final de cuentas, la decisión es política.
Para un país como el nuestro, por lo tanto, es fundamental preservar los equilibrios, asunto que no es fácil en estos tiempos.
China es nuestro primer comprador. Un 26%. Le siguen Brasil y la Unión Europea, con la que el Mercosur termina de hacer un acuerdo y ofrece nuevas perspectivas. Luego tenemos a EE.UU. lanzado a una guerra de aranceles, a partir de lo que considera su desleal competencia con China. Como se advierte, el factor político es fundamental. Todo depende de acuerdos. Los técnicos analizan, discuten, estudian posibilidades, pero al final todo termina en un entendimiento político. Así fue con China en nuestra primera presidencia, por ejemplo.
Naturalmente, el comercio lo ejecutan sus actores, compradores y vendedores, pero ellos están dependiendo de los acuerdos y les es fundamental que las embajadas les ayuden en la tarea de los contactos necesarios y la relación con las burocracias de los países. Estas son básicas, porque desde las autorizaciones sanitarias hasta los certificados de origen de las mercaderías todo pasa por oficinas donde no es lo mismo tocar el timbre por vez primera que mantener una relación permanente.
Si nos pasamos al mundo financiero, el “grado inversor” es fundamental. Habilitar el acceso a los mercados financieros permite financiarnos con las mejores tasas. Eso se gana con credibilidad en el manejo financiero. ¿Qué hace la diplomacia? Mantener las relaciones, difundir la información, mantener vínculos con los organismos públicos que se ocupan de esos temas.
Como se advierte, un país exportador necesita de mercados abiertos y estos necesitan entendimientos políticos y acuerdos liberadores. Esta es una tarea permanente. Un trabajo constante. En el plano mayor, presidentes y ministros trazan amistades y relaciones en los planos superiores, luego una vasta infantería burocrática hace posible que eso llegue a la vida diaria. Siempre a partir de una imagen que va desde su prestigio institucional hasta su presencia cultural, que tampoco se valoriza suficientemente y que es fundamental en un país como el nuestro, que a falta de poderío debe mostrar cultura.
No siempre se entiende. Pero de todo esto depende buena parte del prestigio del país y del trabajo de nuestra gente.
Las circunstancias imponen, por lo tanto, una política exterior de equilibrio y ponderación, sin ideologismos ni modas. Que el Frente Amplio, partido de gobierno, se lance a una campaña pro Lula, es un despropósito, cuando el propio presidente ya ha dado algunas señales algo sesgadas en la relación diplomática con un Brasil que en los momentos que vivimos no sintoniza con Argentina. No es nuevo para nosotros que ocurra este distanciamiento; por lo mismo, debemos tener mucho cuidado en el equilibrio con los vecinos.
En los temas de la paz tenemos que ser claros y no podemos tener dudas en cuanto a condenar el terrorismo. Podemos seguir defendiendo la tesis de los dos Estados en Palestina, que ha sido tradicional desde 1948, pero no podemos dudar a la hora de condenar a quienes han desatado esta ola de sangre en la región.
El Uruguay tiene principios y también conveniencias. Hay que explotarlas sin renegar de aquellos. (Nota que se comparte con Correo de los Viernes) |
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